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Gastronomía de subsistencia

La gastronomía de subsistencia o supervivencia, comúnmente es humilde, en absoluto puede ser sofisticada está basada en la necesidad de aprovechar los recursos nutricios que el lugar ofrece, y ha sido siempre el último eslabón o el primero, según se mire, gastronómicamente hablando, en épocas de escasez.

La gran importancia de la imaginación, azuzada por lo mínimo a la hora de poner el puchero a la lumbre, cuando se carece de todo menos de hambre, permitieron que de aquellas penurias hayan salido platos, recetas gloriosas, obras maestras a la hora de “allò que deim omplir-mos el gavatx”, permítasenos esta expresión tan nuestra.

Compleja ecuación la de llenar la olla de materia nutritiva, procesándola hasta convertirla en comida, aceptada por el organismo humano y por ese severo fielato del paladar, cuando sólo se tiene hambre y poco o nada con que calmarla.

Una sociedad que se termina antes la comida que el hambre, está formada por individuos desesperados, ya que comer es una de las primeras funciones que realiza el ser humano nada más nacer, y a la que nunca podrá renunciar durante toda su vida. Efectivamente, nos pasamos la vida comiendo todos los días, y no hace por eso tantos años que los seres humanos dedicaban gran parte de su actividad diaria al ejercicio de conseguir comida. Aún queda, para nuestra vergüenza, sociedades primitivas o desarraigadas, cuya única actividad es precisamente la de obtener comida.

Menorca tiene en su rico legado gastronómico, una importantísima muestra de cocina de subsistencia. Conviene recordar que a la general escasez de alimentos en otros tiempos en tierra continental, a una isla, ubicada en medio del Mediterráneo, aún se le acentuarían más aquellas carencias, aquella falta de recursos alimenticios, incluidos los más primarios o perentorios.

Textos: José M. Pons Muñoz

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